El uso incorrecto de la categoría tercera vía no es nada nuevo. Durante los sesenta y los setenta se especuló mucho sobre la posibilidad de un sistema que reuniese las ventajas del capitalismo y las presuntas bondades del socialismo; pues el comunismo fue hasta el último momento una quimera que, cual espejismo en el horizonte, Moscú nos proponía como el premio gordo al que accederían sólo aquellos que lograran sentar las bases de modo correcto; digamos que el comunismo fue la versión leninista del paraíso cristiano con la grave y fundamental diferencia de que a él no se llegaba de modo individual y voluntario sino a través de la supresión de la familia, la amistad y toda aquella fe que no fuese inspirada en los incendiarios panfletos escritos por el “viejito calvo que inventó el hambre”.

Desde el momento de su aparición esta tercera vía fue torpedeada por los comunistas; la calificaron de claudicación y de desviación ideológica; para Suslov* y su tropa constituía una herejía imperdonable mencionar algo que no fuese el dogma trasnochado del leninismo. Pero en total honestidad debemos admitir que, por razones muy distintas, lo cierto es que la famosa tercera vía no existe, no es siquiera tangible y simplemente es humo.

Los sistemas socio económico se basan en relaciones de producción; fuerzas productivas y medios de producción; esos tres pilares luego van acompañados de un andamiaje de leyes, orientaciones, y mucha retórica para darnos la realidad de un país o un grupo de países. Los tres ingredientes antes mencionados: fuerzas productivas, relaciones de producción y medios de producción son los ÚNICOS que definen la existencia de determinado sistema. Más allá de cuánto el gobierno asigne a la salud, la educación, la prevención social si los medios de producción están en manos privadas, las relaciones de producción son ágiles y flexibles y las fuerzas productivas se mueven libremente estamos frente al capitalismo, mientras que si todo está en manos de un puñado de sicarios que se erigen en lugar del estado estamos frente al socialismo “real” como se le llamaba entonces.

Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia son países capitalistas, tan capitalistas como el que más; NO transitan por otra vía que no sea la capitalista, la única que trae bienestar y desarrollo. Este capitalismo, en gran medida dictado por características idiosincrasicas y avatares históricos muy particulares, es matizado con una amplia dosis de garantías sociales; no se trata de la falsa tercera vía sino de una aproximación específica y soberana al sacrosanto sistema capitalista. En otro momento podremos debatir si esta opción comporta un precio impagable o no, pero no debe quedar duda de que se trata de naciones capitalistas.

Esto nos lleva al espejismo desgastante de la tercera vía para Cuba. Esta endeble y falaz teoría se basa en la lógica de realizar los cambios necesarios para que la isla se desarrolle pero al mismo tiempo conservar y subrayo la palabra conservar logros como la salud, la educación y la prevención social. Si en Cuba todo sigue en manos del grupo en el poder estamos frente al socialismo y su secuela de miseria material y espiritual. Si los medios de producción se privatizan, se privaticen mal o bien, estaremos frente al capitalismo. La clase dirigente; y habrá que ver cómo se creará la misma, se encargará de imponer determinados mecanismos más o menos humanistas, más o menos sociales, que garanticen mayor o menor acceso a la salud, la educación y la prevención social, pero eso no sería una vía sino una aproximación al sistema capitalista. Queda en el viscoso ámbito de la política.

Pero regresemos a la nociva falacia de conservar los logros de la salud, la educación y la prevención social. Es fundamental recordar que la historia no es la retórica mentirosa del régimen: los 20 mil muertos de Batista, el 33% de analfabetismo, la población azotada por enfermedades y los trabajadores abandonados. Todo eso es falso, vulgarmente falso, lo que no significa que viviéramos en una panacea ni que no existieran miles de asuntos por mejorar así como injusticias que corregir urgentemente. Lo mismo se puede decir de Estados Unidos o de cualquier país del planeta en este mismo momento.La llegada de Castro al poder es algo que podemos abordar en otra ocasión, pero Cuba no era Haití ni mucho menos. Con la supeditación de los intereses nacionales a los personales de la familia Castro la isla fue sumergida en el turbio mar de aquella sumatoria de satélites girando en torno a Gomorra que llamábamos campo socialista. A cambio de ciega obediencia a Moscú; el gran oso ruso abrió su billetera y subsidió cuanta locura pasara por la mente del Calígula Tropical; claro que con un suero tan jugoso se podían asegurar salud, educación (habría que ver qué tipo de educación) y prevención social. Pero a partir de la desaparición del campo socialista se acabaron para Cuba y para su pueblo estos cacareados “logros”. Es deshonesto, nocivo y netamente falso hablar de conservar logros en Cuba hoy; el sistema de salud está colapsado, no hay medicinas, los hospitales más que centros de curación son cámaras de incubación de todo tipo de enfermedades, en las escuelas no se aprende nada, los maestros no saben escribir el idioma español; sólo a nivel universitario existe una cierta calificación y no en todas las especialidades. La isla en estos tres sectores está mucho peor que en 1959 por lo que no hay nada que conservar y todo que cambiar.

Podemos; y creo que debemos, hablar de las particularidades de Cuba como las de cualquier otro país y coincido con muchos compatriotas que copiar al dedillo el sistema americano en nuestro país natal sería suicida; caeríamos en el mismo vacío que cuando intentamos copiar a la URSS en el Caribe. Por tanto hablar de tercera vía es erróneo filosófica y políticamente. No hay tercera vía y para la isla la única salida es el capitalismo. Capitalismo que tenga en cuenta las específicas características de un país desastrado, traumatizado, de un pueblo indigente en lo económico y en lo espiritual, de un medio ambiente totalmente contaminado y del daño antropológico provocado por la anciana pesadilla que lo aflige. Realizar lo anterior no constituye una vía distinta sino la única posible, la del sentido común y de la racional y ponderada soberanía en un mundo que ni por asomo se asemeja a aquel del que nos sacaron a punta de bayoneta en la brumosa madrugada del 1 de enero de 1959.

Nota * Mikhail Andreyevich Suslov desde 1965 hasta su muerte en 1982 segundo secretario del PCUS y su jefe ideológico. Tener presente que presidió la delegación sovietica al primer congreso del PCC

Andrés Alburquerque

Nacido en La Habana, Cuba en 1956 vivió su infancia y adolescencia en el seno de una familia de miembros del PSP, Partido Socialista Popular.

Graduado como profesor de educación superior en lingüística e idioma inglés, abandonó la isla en 1988 a causa de choque frontal con los dogmas del régimen.

Ha vivido en Italia, República Dominicana y México y desde 2007 reside en Miami donde es miembro activo de la comunidad cubano americana y uno de sus voceros más reconocidos; como profesión ejerce la operación turística y la administración de condominios además de participar activamente en paneles de la televisión local.

Es miembro del Partido Republicano y participa activamente en la esfera ideológica y filosófica. Fundador y líder de varias organizaciones políticas como Conciencia Cívica y Afro Cuban Forum. Posee las ciudadanías cubana, italiana y americana

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