Por años hemos escuchado a los demócratas y a los llamados defensores de la inmigración abogar por unas fronteras abiertas; han sido lo suficientemente hábiles para no plantearlo de modo tan claro; incluso sostienen estar preocupados por nuestra seguridad, pero no lo están. Veamos el problema en su complejidad:

1- Fue un Republicano, Ronald Reagan, y no un demócrata el último presidente que aprobó una “solución” para los millones de ilegales que vivían en nuestro país. La medida no fue acompañada de las necesarias modificaciones a un caduco sistema migratorio y décadas más tarde nos encontramos en el punto de partida.

2- Ni Bill Clinton ni Barrack Obama cumplieron sus promesas; este último tuvo los sesenta votos del Senado necesarios para aprobar una reforma migratoria pero prefirió cumplir su compromiso con el poderoso “cartel de la salud”. Reitero: contaba con los sesenta votos y optó por mirar hacia otro lado. No me queda claro si se trató de un simple caso de prioridades o de un plan bien articulado para mantener vivo el drama migratorio y así contar siempre con una excusa para culpar a los republicanos. La izquierda explota sus éxitos pero florece en medio de esas crisis perpetuas que son fuente de combustible no perecedero para alimentar su retórica. Los logros significan votos por un tiempo mientras las crisis interminables traen votos para siempre.

3- El esfuerzo parece estar centrado en los ilegales; los liberales jamás mencionan ese sistema migratorio mediante el cual los individuos respetuosos de la ley no encuentran el

Menor incentivo en aguardar las interminables filas mientras los que se escabullen por la frontera son generosamente premiados. ¿Por qué ocurre esto?; porque los que siguen las reglas son generalmente personas que poseen alguna habilidad, un cierto nivel de educación y son menos propensos a convertirse en rehenes de la mentalidad de plantación. Por el contrario, una amplia porción de aquellos que saltan por la frontera apenas mastican el inglés, llegan necesitados de ayuda financiera y no vacilarán en vivir, a causa de condiciones adversas, en el límite de la ley; esos son más inclinados a marchar junto a la izquierda, corear sus huecas consignas y exigir los mismos derechos que no tienen valor de defender en sus países.

4- Más allá de su visión sobre la inmigración cada administración dedica una cierta cantidad de dinero para enfrentar la situación. Muchos de nosotros ignoramos que mientras el patrullaje y la lucha contra contrabandistas y carteles caen sobre los hombros de nuestros hombres y mujeres encargados de aplicar las leyes, el lucrativo negocio de administrar los centros de detención es puesto en manos de empresas privadas. Urge indagar cuánto dedicamos por ilegal detenido y cuál es la cifra real utilizada para su manutención. La diferencia; y créanme que si no hubiera diferencia esto no estaría en manos privadas, va a parar a la cuenta de alguien. De tal suerte, mientras más ilegales mayor ganancia. ¿Para quién? Invito al lector a verificar las cifras. Una cosa es cierta: los empleados de estas empresas PRIVADAS son obligados a firmar un NDA (por sus siglas en inglés) que les impide revelar el más mínimo detalle de cuánto ocurre en estos sitios.

4- La izquierda echa mano una y otra ve al disco rayado de los hambrientos, los necesitados y todo lo demás: pero su batalla se libra en la frontera sur; no están interesados en una inmigración proporcional, gradual y multi étnica. Más allá de su pretendida universalidad aspiran a llenar el país de Pérez y Rodríguez; Hispanoamérica, con su consabido anti americanismo y su ingobernabilidad es la mejor receta para desfigurar nuestra nación. Estados Unidos ha llegado a ser un sueño gracias a sus inmigrantes; pero a  TODOS sus inmigrantes. Una abrumadora y desproporcionada mayoría latinoamericana en la mezcla dará a la izquierda la posibilidad de eliminar el colegio electoral y desbordar la Corte Suprema. Finalmente, la añeja violencia que ha reinado al sur del Rio Bravo llenará el país de ciudadanos dispuestos a deshacerse de la Segunda Enmienda.

5- Durante décadas las consignas de la izquierda clamaban por una relación justa entre las naciones ricas y el Tercer Mundo. Kennedy llego’ a lanzar su muy anunciada Alianza para El Progreso. En el actual estadio del capitalismo no resulta beneficioso esquilmar a otras naciones. Los países más pobres no pueden ser hoy vistos como fuente segura de recursos naturales baratos y de mano de obra aún más barata sino como una valiosa reserva de consumidores, como un nuevo mercado; resulta por tanto de interés estratégico para nosotros garantizar que alcancen el mayor poder adquisitivo posible. Los necesitamos allá como ávidos consumidores y no aquí aumentando la población de nuestros barrios pordioseros; los necesitamos construyendo rascacielos y nuevas ciudades en sus países. Necesitamos que logren construir una amplia y rica clase media en sus países en lugar de ser los que no tienen y los menos favorecidos en el nuestro. Se pudiera objetar que la corrupción es tan flagrante en el Tercer Mundo que cualquier intento de ayudarles terminará en manos de un puñado de políticos podridos y no significará una mejora sustancial de los más amplios sectores. La respuesta es que existen vías de inversión directa.

Lo cierto es que la Cuarta Internacional necesita la pobreza y la miseria humana para venir a por nosotros; un ambiente próspero y un Tercer Mundo más rico obstaculizan la solución final que nos tienen reservada. A la  Cuarta Internacional y sus aliados en Estados Unidos les importan un bledo el hambriento; el necesitado o el pobre. Buscan el absoluto control sobre nuestras vidas.

Explicar las ventajas de un sistema de inmigración justo, racional y sobre todo beneficioso necesitaría varios libros. Espero que los elementos anteriormente descritos ayuden a mis compatriotas americanos a comprender que podemos ser generosos y bondadosos sin por ello convertirnos en suicidas.

Los mismos fanáticos que se quejan por la presunta precariedad a que sometemos a los ilegales extranjeros se mantienen callados en absoluta complicidad ante la precariedad y la violencia que azota a las comunidades afroamericanas. Oportunismo del peor y lo más triste es que parecemos dispuestos a tolerarlo. Resulta fundamental recordar que lo que la izquierda quiere… generalmente lo logra.

Andrés Alburquerque

Nacido en La Habana, Cuba en 1956 vivió su infancia y adolescencia en el seno de una familia de miembros del PSP, Partido Socialista Popular.

Graduado como profesor de educación superior en lingüística e idioma inglés, abandonó la isla en 1988 a causa de choque frontal con los dogmas del régimen.

Ha vivido en Italia, República Dominicana y México y desde 2007 reside en Miami donde es miembro activo de la comunidad cubano americana y uno de sus voceros más reconocidos; como profesión ejerce la operación turística y la administración de condominios además de participar activamente en paneles de la televisión local.

Es miembro del Partido Republicano y participa activamente en la esfera ideológica y filosófica. Fundador y líder de varias organizaciones políticas como Conciencia Cívica y Afro Cuban Forum. Posee las ciudadanías cubana, italiana y americana

Las opiniones expresadas en este espacio, son de absoluta responsabilidad del escritor del artículo
y no necesariamente tiene que coincidir con la posición editorial de LA VOZ ESPAÑOLA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.