(Tercera Parte)

Luego de digerir las dos primeras partes de este artículo el lector pudiera quedar con la impresión de que el drama lo vive sólo el partido demócrata, sus afiliados y aquellos más inclinados a votar hacia la izquierda; si fuese así ya estaríamos hablando de la mitad del electorado; pero el problema es más peliagudo. La tragedia supera los límites de depositar una tarjeta con cruces que expresen nuestra preferencia; aquí se trata de un proceso de desmoralización de la nación provocado, entre otros factores, por el vergonzoso abandono de sus deberes por parte de la clase política a ambos lados del escenario. No soy de los que piensa que una vez éramos puros y hoy somos corruptos, pero lo cierto es que al inicio de este sueño inigualable llamado Estados Unidos veníamos imbuidos de un odio visceral hacia el yugo colonial y esto provocó el celo excepcional que nos mantuvo vigilantes hacia todo tipo de truco o interferencia; con la consolidación de nuestra identidad y la realización del sueño en algún segmento del trayecto nos invadió el desinterés, nos venció la abulia y comenzó a reinar el individualismo y la prostitucion de la política. El deber cívico temporal se convirtió en una profesión y el bien colectivo se tornó cada vez más oscuro, pantanoso e individual. Para cualquiera que se aproxime a la realidad americana resulta imperativo ver tal verdad para comprender que cuanto he expuesto antes es lo que posibilitó la llegada de Trump a La Casa Blanca. No estamos hasta las narices porque Trump este ahí; al contrario, logró llegar a donde está hoy porque estamos hasta las mimas narices. El reto que se yergue ante nosotros es cómo canalizar la exasperación sin precipitarnos hacia el abismo de la división, de la irracionalidad y la ceguera. Una controlada y ponderada indignacion es beneficiosa; pero si nos dejamos llevar por las emociones perderemos el impulso alcanzado.

Para los republicanos y todos aquellos preocupados por la supervivencia de nuestra identidad como nación única e irrepetible más allá de su ideología (y somos muchos), el problema debe necesariamente desbordarse de la simple misión de reelegir a Trump porque es la única alternativa al caos; o para expresarlo más claro: porque es el caos menor; nuestro deber es otear el incierto horizonte y fijar nuestra mirada en algún punto dos o tres generaciones más allá, así como luchar a capa y espada porque no nos roben la quimera . Tenemos el deber ineludible de inundar las salas de la política con nuestra enérgica e informada presencia; urge colocar al menos uno de nosotros en cada sitio donde ya existe uno de aquellos que desean convertirnos en una pesadilla comunista. No se trata de librar la lucha por algunos meses y luego regresar a la tranquilidad; el estado vigilante es la nueva normalidad; los demócratas han centrado toda su ofensiva en torno a Donald Trump y esto les priva de iniciativa; pero los republicanos no estamos mucho mejor; nos dividimos en dos grupos, uno mucho mayor que por temor a darle ala al enemigo acepta resignadamente cuánto desacierto venga de La Casa Blanca y otro que ha preferido lucir “cool” y sin pensar en la urgencia que enfrentamos ha decidido oponerse al actual presidente en la infantil esperanza de que el otro bando no protagonice cambios irreversibles si llega al poder; a mi juicio ambas tendencias adolecen de falta de visión y continuo pensando que el apoyo debe ser crítico y objetivo tratando de adaptar la estrategia del partido al singular momento histórico que vivimos.

Al final el lector se planteará: bien y luego de toda esta lata, quien rayos ganará las elecciones?. La respuesta honesta es que nadie lo sabe. Si no ocurre nada grave o drástico entre hoy y noviembre Trump debería obtener la reelección en una campaña llena de insultos y de tácticas deplorables de ambas partes. Pero el partido demócrata pudiera darle otro madrugón a Sanders y colocar a un Bloomberg que soporte el embate de todos los trapos sucios que pueda tener y hacerse con la victoria; por el contrario y a pesar de toda lógica convencional la fuerza popular del anciano desaliñado de Vermont pudiera derrotar la maquinaria de Trump y crear la incertidumbre más grande que hayamos vivido. Me atrevería a aventurar un escenario con esos tres nombres pero las sorpresas nunca descansan; de nuevo, el hecho mismo de que estemos hoy pensando en la posibilidad de que alguien como Bernie Sanders tenga posibilidades matemáticas de llegar al 1600 de la avenida Pennsylvania debe servir para demostrar cuán bajo hemos caído y cómo los que amamos a nuestra nación nos la hemos dejado arrebatar.

Por último, no podemos olvidar que junto al puesto de presidente está en juego un número sustancial de asientos en el Senado y la Cámara. El ejecutivo en manos de un partido y el legislativo en poder del otro pudiera ser otra variable y vista la probada ineptitud del partido Republicano me atrevo a vaticinar un soberano desastre si no logra una victoria en toda la línea. Los demócratas saben echar rodilla en tierra y echar mano a cualquier arma para ganar mientras mi partido invierte más tiempo en mirarse al espejo y comprobar cuán adecuado es el atuendo y el peinado que en lograr cosas concretas. Si Donald Trump es reelecto pero no logra que su partido se haga con el legislativo el período entre el 2021 y el 2025 será una total y perenne bronca callejera en la que no descarto otro intento u otros intentos de impeachment.

Lo que resulta fácil adivinar es que viviremos una tórrida temporada de ulterior división y estremecimiento en los cimientos de nuestra nación.

Andrés Alburquerque

Nacido en La Habana, Cuba en 1956 vivió su infancia y adolescencia en el seno de una familia de miembros del PSP, Partido Socialista Popular.

Graduado como profesor de educación superior en lingüística e idioma inglés, abandonó la isla en 1988 a causa de choque frontal con los dogmas del régimen.

Ha vivido en Italia, República Dominicana y México y desde 2007 reside en Miami donde es miembro activo de la comunidad cubano americana y uno de sus voceros más reconocidos; como profesión ejerce la operación turística y la administración de condominios además de participar activamente en paneles de la televisión local.

Es miembro del Partido Republicano y participa activamente en la esfera ideológica y filosófica. Fundador y líder de varias organizaciones políticas como Conciencia Cívica y Afro Cuban Forum. Posee las ciudadanías cubana, italiana y americana

Las opiniones expresadas en este espacio, son de absoluta responsabilidad del escritor del artículo
y no necesariamente tiene que coincidir con la posición editorial de LA VOZ ESPAÑOLA

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