El arte del equilibrio

Vivir en democracia implica enormes responsabilidades mezcladas con innegables privilegios e inevitables escollos. El riesgo mayor que amenaza a nuestro modo de vida es la proverbial parcialización; la errónea y aberrada percepción de que el mundo se limite a nuestro grupo étnico, nuestro grupo profesional, nuestro partido, nuestro, nuestro, nuestro.

Muchos condenamos y denunciamos la virulencia que reina a la izquierda del escenario político; el ensañamiento contra los que no compartimos sus ideas y la flagrante manipulación de sucesos y realidades; pero nos falta la clarividencia para comprender que la salud del otro partido es fundamental también para los que nos le oponemos y me explico:

Para la enorme mayoría de los ciudadanos actualmente se trata de descalificar al otro; aniquilar a sus oponentes y pulverizar al “enemigo”; pero sabemos que el otro no desaparecerá y cabe preguntarnos: además de ganar esta elección y la mayor cantidad de elecciones posibles es nuestro interés, nos ayuda que el Partido Demócrata se renueve y logre sacudirse el yugo que le ha impuesto el puñado de dementes de la Cuarta Internacional que lo han secuestrado?. No me cabe duda de que no solo nos conviene sino que nos urge; es fundamental para la fortaleza de nuestra nación que ambos partidos sean robustos; es evidente que tarde o temprano perderemos una contienda y es mil veces preferible que sea a manos de un contrincante potable y presentable aunque estemos en total desacuerdo con el o ella, a que el ganador sea alguien como Ilhan Omar o la Ocasio.

El único modo de asegurar la victoria es garantizar nuestra supervivencia y la de la nación incluso en medio de la derrota. Frotarnos las manos y salivar copiosamente al ver a asnos políticos proponerse como alternativa no asegurará más que llanto y lamento si alguno de ellos logra un día cumplir sus propósitos. La inferioridad de nuestros enemigos es una amenaza para nosotros también. Recordemos que un país es tan fuerte como el más débil de sus ciudadanos y la lucha sin cuartel contra el prejuicio; el abuso, la ignorancia y la supresión debe coronarse en victoria mucho más allá de las rígidas y por momentos ficticios fronteras ideológicas.

Andrés Alburquerque

Nacido en La Habana, Cuba en 1956 vivió su infancia y adolescencia en el seno de una familia de miembros del PSP, Partido Socialista Popular.

Graduado como profesor de educación superior en lingüística e idioma inglés, abandonó la isla en 1988 a causa de choque frontal con los dogmas del régimen.

Ha vivido en Italia, República Dominicana y México y desde 2007 reside en Miami donde es miembro activo de la comunidad cubano americana y uno de sus voceros más reconocidos; como profesión ejerce la operación turística y la administración de condominios además de participar activamente en paneles de la televisión local.

Es miembro del Partido Republicano y participa activamente en la esfera ideológica y filosófica. Fundador y líder de varias organizaciones políticas como Conciencia Cívica y Afro Cuban Forum. Posee las ciudadanías cubana, italiana y americana.

Las opiniones expresadas en este espacio, son de absoluta responsabilidad del escritor del artículo
y no necesariamente tiene que coincidir con la posición editorial de LA VOZ ESPAÑOLA

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