Para nada desacreditada sino confirmada

Durante mucho tiempo algunos estudiosos y expertos han sostenido que la llamada revolución cubana no fue más que la coronación de una paciente, hábil y eficaz conspiración dirigida por operativos al servicio de Moscú. Pero la amplia mayoría del mundo de la academia, expertos y la población en general parece haber sucumbido a la teoría de la infalibilidad de Castro y a su proverbial capacidad para prever los obstáculos y convertir “los reveses en victorias”.

Pudiéramos citar cientos de coincidencias, sucesos casuales, muertes oportunas y convenientes traiciones que demostrarían la presencia de Moscú tras todos y cada uno de los pasos dados por los barbudos desde el principio mismo de ese diabolico experimento de ingeniería social y económica que, gracias a quién sabe cuál perverso mecanismo psicológico todavía es enarbolado por individuos como Bernie Sanders y muchos de los elementos pertenecientes a las filas de la Cuarta Internacional.

No obstante; he escuchado analistas esgrimir el argumento de que si Cuba era de veras un peón en el tablero sovietico se habría desmoronado junto con sus hermanas naciones satélites de Europa oriental. Esto pudiera ser válido bajo la tenue luz del análisis superficial; pero el mismo adolece de falta de agudeza y contexto histórico. Todos los operativos que perpetraron la seducción de Fidel Castro y el desvío de su iniciativa autoritaria hacia la esfera de influencia sovietica eran furibundos estalinistas. Fueron educados en la más rancia tradición del bolchevismo y la lucha de clases; por tal motivo luego del tímido periodo de renovación bajo Nikita Kruchov dieron de buen grado la bienvenida al totalitarismo estancado y al status quo impuesto por Leonid Breshviev. De hecho; considero que la llamada micro fracción puede haber sido, al menos en parte, provocada por la incertidumbre creada por el revisionismo y la denuncia de Stalin protagonizada por Kruchov.

Mientras el PCUS había atravesado un proceso de leve renovación. Los cuadros que habían logrado la inclusión de Cuba en el bloque socialista seguían siendo los mismos conspiradores de siempre y no mostraban ningún signo de cambio. No tiene nada de sorprende entonces que se hayan puesto al lado de Castro en su obtusa y tozuda defensa de un viejo orden de cosas que resultaba, a fin de cuentas, su única opción de supervivencia política. El fracaso de la perestroika en la isla y la consecuente prolongación de la pesadilla no contradice en lo absoluto la tesis de que el Castro comunismo no es más que el resultado de un complot internacional.  

Andrés Alburquerque

Nacido en La Habana, Cuba en 1956 vivió su infancia y adolescencia en el seno de una familia de miembros del PSP, Partido Socialista Popular.

Graduado como profesor de educación superior en lingüística e idioma inglés, abandonó la isla en 1988 a causa de choque frontal con los dogmas del régimen.

Ha vivido en Italia, República Dominicana y México y desde 2007 reside en Miami donde es miembro activo de la comunidad cubano americana y uno de sus voceros más reconocidos; como profesión ejerce la operación turística y la administración de condominios además de participar activamente en paneles de la televisión local.

Es miembro del Partido Republicano y participa activamente en la esfera ideológica y filosófica. Fundador y líder de varias organizaciones políticas como Conciencia Cívica y Afro Cuban Forum. Posee las ciudadanías cubana, italiana y americana

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y no necesariamente tiene que coincidir con la posición editorial de LA VOZ ESPAÑOLA

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