La Junta de La Habana tiene la percepción de que el exilio sea su prostituta; cada vez que no encuentra con quién desahogar su apetito parasitario echa mano a las raíces, la nostalgia, la nacionalidad y nos propone reunirse con “nosotros” para discutir temas de mutuo interés; más o menos esa es la retórica que emplea.

El régimen de La Habana cree que Trump; aun cambiando un tanto su política hacia ellos, nunca estaría dispuesto a crear la piñata que Obama les posibilitó gracias al Mojito Deal. Los políticos son políticos y la política es una sumatoria de intereses; no descarto nada de nadie, pero lo cierto es que aunque entraran en juego variables nuevas no es probable que el actual inquilino de La Casa Blanca aplique un giro radical en su política cubana. Además, por más que quizás no lo digan en público, los analistas que trabajan para los sicarios deben haberles ya informado que existen grandes posibilidades de que esto dure hasta el 2025.

Raúl se presume que se encuentre muy delicado de salud; Fidel hace rato que no está y los demás “históricos” no pueden durar mucho más ni pueden derrochar la energía de antes. Los cuadros nuevos no poseen el prestigio que él all inclusive en la Sierra Maestra colocó sobre algunas de las figuras más viejas. La gente de a pie parece haber iniciado a perder el miedo; más vale tarde que nunca; y si bien no parece por ahora inclinada a lanzarse a la calle, tampoco parece dispuesta a soportar en silencio y arrebata de las manos de la nomenclatura su derecho a patalear. La Junta necesita:

1- dinero

2- inversiones

3- aumentar su contingente de agentes y personas de influencia en Estados Unidos

4- aumentar su contingente de agentes y personas de influencia dentro de la comunidad cubana

5- disminuir la presión social

6- deshacerse de todo aquel ciudadano que pueda remotamente convertirse en líder en caso de una eventual, aunque remota, revuelta popular.

Noten que separo nuestra comunidad cubana americana del resto del país; las personas que se encargan del trabajo con nosotros no son las mismas que las que tratan de influir en el resto de la población americana.

Como todo órgano de poder La Junta de La Habana no es ni por asomo un ente monolítico ni homogéneo; los intereses de Machado Ventura, en franca retirada y cuyo objetivo es morir tranquilo y dejar a los suyos “instalados” no coinciden para nada con los de Díaz-Canel que aunque no lo diga está obligado a pensar en el después y enfrenta la tenebrosa interrogante de qué haría el ejército si le dieran la orden de cargar contra la muchedumbre; qué harían los generales pero en especial, qué harían los niveles medios y bajos. El lector no debe interpretar mi afirmación como una defensa de uno y la condena de los otros; ambos personajes son nocivos para nuestro país natal, pero es innegable que sus dinámicas no coinciden y sus temores se manifiestan en diferentes modos. Y así hay varios elementos dentro del régimen que proponen dar un papel más importante en la economía a potenciales inversionistas cubano americanos o cubanos que vivan en otros países no porque piensen que es lo justo o lo normal sino porque no ven otra alternativa al desastre económico que más de sesenta años de comunismo han provocado.

Todo lo anterior es la verdadera causa de la reunión que han convocado para el próximo mes de abril en La Habana. Una reunión a la que invitarán sólo a aquellos que hayan mostrado simpatía y fidelidad hacia el régimen. Se supone que sea un encuentro provocado por la sensibilidad de un sistema totalitario hacia las preocupaciones de su exilio; de hecho se ha hablado del costo del pasaporte y otras nimiedades que nada tienen que ver con la esencia del drama cubano, a saber (entre otros):

1- el secuestro por parte del gobierno de los medios fundamentales de producción.

2- la supresión y la brutal represión de cualquier tipo de postura alternativa a la oficial.

3- la ausencia total de medios masivos de comunicación fuera de los oficiales.

4- la falta de libertad de reunión, asociación y expresión.

Viajar a la isla para tomarse fotos con los carceleros y dar un rostro de armonía a favor de los torturadores es un error para llamarlo de modo educado y civil. Ellos ya decidieron quizás reducir el precio de los pasaportes que nos obligan a comprar para poder entrar e incluso no descarto que estén dispuestos a renunciar al monopolio de decidir quién puede entrar o no en la isla. Pero es que para esto no hay que ir a ningún lado; eso no sería más que corregir una brutal y flagrante violación de nuestros derechos como cubanos. De hecho, esta debería ser una de las tantas pruebas de seriedad que deberían dar antes de convocar a reunión alguna.

No soy de los que aboga por la rigidez; la solución de los problemas en las naciones requiere de mucha paciencia, elasticidad y talento negociador. Pero sé por experiencia de años que las dictaduras jamás negocian desde posiciones de ventaja. El régimen debe reconocer que somos un elemento fundamental sin el que su economía colapsa; es más, debe reconocer que somos los que ponemos la plata y a partir de ahí establecer una comunicación que lleve a salidas al actual atolladero. Seré más claro: no existe salida posible que no pase por la democratización del país. Permitir que sean ellos los que decidan quienes asisten al encuentro; la agenda del mismo y que nos continúen dividiendo en respetuosos y “gusanos” es hacerle el juego y traicionar al exilio. La de abril no será más que la enésima payasada a la que se prestarán los payasos de siempre; los que no vacilan en cooperar con este circo donde hay mucho de lágrimas y muy poco de pan.

Andrés Alburquerque

Nacido en La Habana, Cuba en 1956 vivió su infancia y adolescencia en el seno de una familia de miembros del PSP, Partido Socialista Popular.

Graduado como profesor de educación superior en lingüística e idioma inglés, abandonó la isla en 1988 a causa de choque frontal con los dogmas del régimen.

Ha vivido en Italia, República Dominicana y México y desde 2007 reside en Miami donde es miembro activo de la comunidad cubano americana y uno de sus voceros más reconocidos; como profesión ejerce la operación turística y la administración de condominios además de participar activamente en paneles de la televisión local.

Es miembro del Partido Republicano y participa activamente en la esfera ideológica y filosófica. Fundador y líder de varias organizaciones políticas como Conciencia Cívica y Afro Cuban Forum. Posee las ciudadanías cubana, italiana y americana

Las opiniones expresadas en este espacio, son de absoluta responsabilidad del escritor del artículo
y no necesariamente tiene que coincidir con la posición editorial de LA VOZ ESPAÑOLA

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