El exilio miserable (según ellos)

Es parte de la naturaleza del ser humano tratar de sacarlo todo fuera de contexto; a veces por error de omisión y muchas otras veces debido a agendas siniestras se nos presentan hechos aislados; a los que oportunamente se le mutilan los antes y los después. Voy de nuevo a la carga contra la nociva política del “pobrecito” esa mediante la cual se nos dibuja un exilio troglodita, egoísta e ignorante que ha sido envenenado por saben quién; exacto, por Donald Trump.

Si uno no se despabila le hacen creer que la situación actual ha reinado por siempre; que el asesino de Fidel Castro entró a La Habana regando flores y besando cuanta mejilla se le pusiera cerca; como si los que viven de este lado simplemente hubieran un día optado por no aceptar el comunismo y tranquilamente se hubiesen marchado dejando a sus familiares encargados de sus propiedades y tralali’, tralala’. Nada se nos dice de los fusilamientos; del despojo de propiedades y de la palabra NULO que se estampaba en los pasaportes de los que se marchaban para jamás volver.

Los que salieron hacia el exilio eran estigmatizados; demonizados, llamados gusanos y cuánto epíteto peyorativo existía. A los que nos quedamos dentro de la isla se nos prohibió tener contacto con los apestados; si le escribías a tus parientes exiliados o a tus ex compañeros de aula te vetaban para cualquier trabajo decente y recibir una hoja de afeitar del extranjero era razón suficientemente para ser sumariamente despedido de tu empleo. Desde 1959 hasta 1979; veinte largos años, el pueblo cubano se dividió, los que nos quedamos lanzamos el crucifijo sobre los arrecifes, renegamos de Orishas y otras deidades y no tuvimos el menor reparo en llamar traidores y apátridas a los que les habíamos arrebatado sus propiedades. Fuimos por veinte años un pueblo miserable, ingrato y cobarde.

De pronto el Calígula Tropical comprendió que había llegado demasiado lejos; que ya no quedaba nada que dilapidar, nadie a quien despojar y que la única alternativa era usar al pueblo como rehén. De la noche a la mañana, con ese tremendo swing y esa desenvoltura que derrochan los comunistas la mano del régimen nuevamente editó nuestra historia. Los traidores fueron convertidos por arte de magia en la Comunidad Cubana en el exterior; los extremistas se arrodillaron ante el dólar todopoderoso y de un día para el otro no te echaban de tu centro de trabajo por recibir a los traidores, apátridas de ayer. Solícitos y sumisos; genuflexos y obsecuentes en nuestra servil obediencia retomamos a los parientes que habíamos olvidado; y nos preparamos a unos años más tarde salir precipitadamente a buscar ese crucifijo, ya oxidado, que sin vacilar habíamos lanzado a los arrecifes; ahora eran los panfletos de Afanasiev a caer en la basura. En toda esta bochornosa metamorfosis solo un bando se comportó con civismo y perdón cristiano; los de acá.  Los gusanos olvidaron humillaciones y campos de concentración; chivatazos y abandonos y acudieron en socorro de sus hermanos y hermanas bajo el yugo comunista.

Desde entonces se comenzó a crear un nuevo modo de explotación por parte del régimen; el chantaje, condiciones onerosas para viajar a la isla, malos tratos, discriminación, prohibiciones de entrada, robo descarado. Y cuando en algún momento uno de nosotros se atreve a protestar o llamar las cosas por su nombre sale el régimen y sus aliados voluntarios e involuntarios a echarnos fango encima; el objetivo es que permanezcamos inmóviles mientras la Junta disfruta de absoluta impunidad.

Si pasamos veinte años sin recibir un alfiler del extranjero donde está la tragedia por un mes de huelga redentora y justa. Yo personalmente salí de Cuba en 1988, con 32 años de edad sin haber jamás recibido un centavo. No conozco ningún pueblo que haya desaparecido por no poder recargar celulares o navegar en internet. Mi familia no contaba con nadie fuera de la isla y jamás escuché a estos defensores del pueblo cubano preocuparse por mí. En Cuba hay millones de ciudadanos muy pobres, en su mayoría negros, que no tienen quien les escriba, quien les recargue el celular porque ni siquiera cuentan con un celular, quien les mande un par de dólares para comprar comida o artículos de higiene. Para esos individuos de tercera clase no se escribe un solo renglón; no se alza una mano, no se utiliza un epíteto; con el mismo elitismo pequeño burgués que han siempre derrochado los conciliadores, los dialogueros, los que lanzan pétalos de rosa a Caín mientras destilan vitriólicas retóricas contra Abel vuelven a colocarse en el lado equivocado; no logran reconocer la diversidad de la lucha y llaman a la unidad mientras descalifican todo lo que no sea la sumisión y la supeditación a los humores de los sicarios que gobiernan en La Habana. Es decir; la unidad bajo sus condiciones, la unidad en el monolitismo y el centralismo democrático típicos del PCUS. Cualquier iniciativa que supere tan estrechas límites es considerado misántropo y anti cubano.

YA ESTUVO!!!

Andrés Alburquerque

Nacido en La Habana, Cuba en 1956 vivió su infancia y adolescencia en el seno de una familia de miembros del PSP, Partido Socialista Popular.

Graduado como profesor de educación superior en lingüística e idioma inglés, abandonó la isla en 1988 a causa de choque frontal con los dogmas del régimen.

Ha vivido en Italia, República Dominicana y México y desde 2007 reside en Miami donde es miembro activo de la comunidad cubano americana y uno de sus voceros más reconocidos; como profesión ejerce la operación turística y la administración de condominios además de participar activamente en paneles de la televisión local.

Es miembro del Partido Republicano y participa activamente en la esfera ideológica y filosófica. Fundador y líder de varias organizaciones políticas como Conciencia Cívica y Afro Cuban Forum. Posee las ciudadanías cubana, italiana y americana.

Las opiniones expresadas en este espacio, son de absoluta responsabilidad del escritor del artículo
y no necesariamente tiene que coincidir con la posición editorial de LA VOZ ESPAÑOLA

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